Sombra espejismo

No me beses, que me haces mucho daño

cada vez que tus labios

acarician los mios

sin otra pretensión que el ser amables,

sin otra utilidad que el desconsuelo.

 

No me mires, que sueño con tus ojos

y en mitad de la noche me desvelo,

y quisiera estar ciego

o volverme invisible

para que así no veas lo que sufro

cada vez que me miras

como se mira a un muerto.

 

No me toques, no me des palmaditas

en el culo, ni quieras consolarme

como a un niño. Mi mal, mi único mal

me lo causan tus noes, tu rechazo

de amor, tu voluntaria inhibición

de roces y caricias,

de los juegos carnales.

 

Pero ante todo no me dejes, llévame

contigo a gritar fuerte,

gritar hasta quedarnos mudos

en la cima de un monte,

en un acantilado, en el desierto.

 

Y cuéntame otro cuento, Shahrazãd,

y conviérteme luego en arena dorada,

en duna milenaria, en espejismo.

Autor: Javier Benítez Láinez

Docente de español en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada

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