Pensamiento

The sun-comprehending glass,
And beyond it, the deep blue air, that shows
Nothing, and is nowhere, and is endless.

Philip Larkin

Cuando salgo a la calle en plan explorador

y he cambiado mis gafas de ver

por otras tan oscuras como que nada veo,

y pienso que a la vez yo no soy visto,

y ando absorto en mi mismo dejándome llevar

o como que siguiendo a un guía del diablo

a través de la rápida medina que lleva al bosque,

y de reojo miro a la gente, y sé que son de fuera

por las ropas que visten y el modo en que caminan,

y me siento vulgar entre la muchedumbre

-todos somos iguales en cualquier sitio y en cualquier idioma-,

y lo que tanto importa también nos alinea,

y entonces me hace falta sentir la inmensidad,

escapar del barullo de las falsas miradas,

sortear los ruidos huyendo hacia el murmullo balsámico del agua,

y entonces sí, pararme a descansar

al lado de una fuente, beber, respirar,

distinguir el piar que viene de los árboles,

la compenetración del sol con los saltos del agua,

y levantarme erguido para tomar las riendas de mis propios pasos,

dejo atrás la colina y ando hacia los jardines

donde quizás me cruce con los pavos reales,

en una de sus huertas me sentaré a la sombra de un almendro,

leeré algunas páginas de un libro,

y cuando mire al cielo en un descanso, vea la sierra al fondo,

recuerde lo pequeños que somos y lo solos que estamos,

me enfrentaré a mi propio pensamiento

y entenderé que habrá merecido la pena

el haber intentado siquiera conocerte.

Sonatina submarina

¡Pálido buzo ciego, desventurado hondero, 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Pablo Neruda 

Con tu pequeña muerte imaginada

hace tiempo despierto cada día,

empapado en sudores, fiebre fría

y un rastro de estupor sobre la almohada.

 

Marea de bemoles derramada

la sangre por tus labios florecía;

un cadáver flotante en la bahía

es mi cuerpo buscándote en la albada.

 

Voy hacia ti, despacio, con cautela:

no quiero que te vayas repentina

llevándote tus ojos abisales.

 

Entre el misterio de la noche en vela

vuelan las notas de una sonatina

al mar donde se pactan los finales.

 

Casablanca, postal del cielo

(Sobre el título de un poema de Jaime Gil de Biedma)

 

Si alguna vez pudiera recordarnos

sin tener que mirar fotografías

la luz de la medina en donde nos perdimos

por segunda vez, por segunda vez

bajo el cántico oculto del almuédano

y la luna surgiendo entre nosotros

como testigo fiel

o compañera última de tanta intimidad,

si alguna vez entonces

una ciudad distinta me rodea

con sus brazos de mar

y triste y silenciosa me confiesa

de qué manera, amor, de qué manera

te dan por fallecida palabras que no llegan,

palabras que no llegan y en Casá

esta postal y un cielo con tu nombre.

Imagen
Foto de © Maria Jose Rodriguez Fernandez

Son de fin de agosto en Tertulia

Cuando llegue la luna a media

el sábado iré a Tertulia,

iré a Tertulia,

en un taxi o con mis piernas.

Iré a Tertulia.

Sonará música milonguera.

Iré a Tertulia.

Cuando la noche quiere ser eterna,

iré a Tertulia.

Y cuando quiera oír la risa cúbica,

iré a Tertulia.

Iré a Tertulia

con la blanca cabeza de un tal Rébora.

Iré a Tertulia.

Miguel Mateos con rosa y sin Julieta

iré a Tertulia.

¡Oh Tato! ¡Oh grandes saltos de espalderas!

Iré a Tertulia

¡Oh cintura ya rota de tanta voltereta!

Iré a Tertulia.

 ¡Cantos de muertos vivos, champán, flor de canuto!

Iré a Tertulia.

Siempre he dicho que yo iría a Tertulia

caminando o a borriqueta.

Iré a Tertulia.

Humo y alcohol en la puerta,

iré a Tertulia.

Mi sombra por la taberna,

iré a Tertulia.

El ron ahogando las penas,

iré a Tertulia,

sudor rojo, pasión nuestra,

iré a Tertulia.

¡Oh terrenal local de calaveras!

¡Oh suerte! ¡Oh gente que sois mi República!

Iré a Tertulia.Imagen