Casa nueva

I

Intento construir la casa nueva
pero esta vez la sombra de mis pasos
me empuja y va mostrándome un sentido,
después de haber colmado de mentiras
vidas de niños-hombres sin sonrisa.

Remuevo tierra húmeda, hacia el cielo
levanto la mirada tal si viera
mi existir en las alas de unos pájaros.
Oigo conversaciones, los ladridos
de un perro que sin dueño me imagino.

Lo sé. Sé que la tierra es buena, firme,
que hay ternura en el fondo de sus huecos,
serenidad y paz. Y a la certeza
de ese sueño cada día me agarro.
Y avanzo lentamente, avanzo, avanzo.

Mas la inquietud me lleva hacia la duda
si cambio la mirada hacia otros aires
y encuentro aquellos ojos abrileños,
dulces fronteras del amor que albergan
soledades, soledades eternas.

Me hacen falta tus brazos siempre abiertos,
no quiero corazón con desarreglos
ni momentos de alegres amarguras.

Lo que quiero, mi vida, es que descubras
que mi casa no es casa sin tu envite,
generosa Penélope, mi Eurídice.

Autor: Javier Benítez Láinez

Docente de español en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada

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