Sobre las huelgas de hambre como actos terroristas

La huelga de hambre fue uno de los conceptos que Mohandas Karamchand Gandhi introdujo como innovador método de lucha, rechazando el enfrentamiento armado y predicando la no violencia como medio para resistir al dominio británico de la India. Una huelga de hambre es, por tanto, una medida de presión a la que se recurre para llamar la atención por una injusticia cometida, de manera clara y manifiesta, sobre una persona o un grupo de ellas, demandando soluciones a un problema. Pero, desgraciadamente, también hay huelgas de hambre para todos los gustos. Así en España tenemos casos tan ridículos como el protagonizado por el que fuera alcalde de Marbella, Julián Muñoz, quien acabó de golpe con seis días de ayuno voluntario engullendo un plato de macarrones con chorizo (muy apropiado), pescado y postre en la cárcel donde habitaba. ¿Que qué reclamaba? Un mejor trato mediático para su novia, la folclórica Isabel Pantoja. Otras huelgas de hambre son dudosamente reivindicativas, como la del torero granadino José Antonio Cejudo, El Güejareño, que consiguió entrar en el último cartel de la Feria del Corpus -las fiestas grandes de la ciudad de Granada- presionando con dicha medida. ¿Y cuál fue la injusticia que sufrió? Al parecer, el empresario taurino responsable de la corrida le había prometido verbalmente durante el transcurso de una cena llena de efluvios que ese Corpus iba a torear. E incumplió su palabra. El torero abandonó la huelga de hambre un viernes, 10 días después de comenzarla, porque tenía una corrida al domingo siguiente; y según declaraciones del médico y quienes le vieron en la plaza de Vallcabra, “llegó en mejores condiciones de lo que se esperaría tras más de una semana sin comer”, por lo que me da por imaginar que igual se mantuvo alimentado a base de zamparse por la noche, a escondidas en su coche donde dormía, bocadillos de mortadela con Tulipán. Y la duda me entra después de haber visto hoy, mañana en la que comienza la quinta semana en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote de Aminetu Haidar, una foto hecha por un amigo hace pocos días en la que se aprecia la seriedad de la situación y el grave deterioro de esta activista saharaui. Aminatu tiene al toro cogido por los cuernos; lo que no sabemos es el tiempo que podrá seguir resistiendo.

Aparte de todas las consideraciones políticas y humanitarias que esta situación ha provocado, y acabe de la forma que acabe, a mi se me plantean las siguientes preguntas, ¿podrían ser las huelgas de hambre utilizadas en un futuro como acciones terroristas por aquellos a quienes no les importa inmolarse en nombre de una divinidad?¿qué pasaría si de repente en fronteras de todo el mundo se multiplicaran las huelgas de hambre sustituyendo a los cinturones explosivos?¿causaría terror en la sociedad civil una serie de muertes en cadena por voluntad propia?¿podrían las democracias occidentales dejar morir en sus territorios a seres humanos?¿qué se podría hacer con esos imaginarios terroristas del ayuno?¿ingresarlos forzosamente en hospitales?¿recluirlos en centros?¿encarcelarlos? ¿matarlos?

(fragmento)

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