El cartero doblemente vivo (III)

LOS PERSONAJES (1)

  • Bartleby

Bartleby no era nada del otro mundo:  un trabajador convencional, pálido, incluso cadavérico, una especie de fantasmagórico muerto andante. Había llegado al puesto de escribiente gracias a un anuncio publicado por un abogado, de nombre desconocido, que hace de narrador de la historia. En todo el libro no se conoce el pasado del escribiente, aunque en un breve epílogo el abogado comenta que el extraño comportamiento de Bartleby puede deberse a su antiguo trabajo en la “Oficina de Cartas Muertas de Wáshington“. Escribe Melville “¡Cartas muertas!, ¿no se parece a hombres muertos? Concebid un hombre por naturaleza y por desdicha propenso a una pálida desesperanza. ¿Qué ejercicio puede aumentar esa desesperanza como el de manejar continuamente esas cartas muertas y clasificarlas para las llamas?”. Cuando Melville escribió este relato, su situación personal no era del todo favorable. Tanto en lo que se refiere a su estado físico, como a lo literario y a lo fínanciero, el momento era desastroso: tras la publicación de Moby Dick, que no supuso para el autor ni aclamaciones por parte de la crítica, ni grandes recompensas, Melville se recluyó en si mismo hasta el punto de que sus amigos termieron por su salud. Cayó en una depresión, intensificada por su siguiente aventura literaria, la publicación de su obra Pierre que fue una auténtica hecatombe. Con 33 años Melville vio su carrera en ruinas, todo ello agravado por un incendio que se provocó en los locales donde sus editores de Nueva York almacenaban los libros. Para colmar la cosa, uno de los críticos neoyorquinos mejor considerados del momento, Fitz-James O’Brien, escribió un ensayo en 1853 sobre Melville en el que O’Brian, después de unas introductorias palabras de alabanza sobre el gran nivel de las primeras obras de Melville, descarga con gran furor contra su úlltima novela, Pierre, afirmando el crítico que el autor de la novela debía encontrarse en un estado de fermentación en el momento de escribirla, tachándola de “inexcusablemente insana, escrita con superabundantes viciosidades de estilo y donde todos los personajes son viciosos de un modo u otro”. Todos estos datos nos ayudan a aclarar bastante el contexto vital de Melville y su enfado con el mundo literario de la época antes de crear a su personaje Bartleby.

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