Paredes blancas con salamanquesas tristes

Mis queridas salamanquesas:
este martes de un julio tan corriente
como pocos, un martes que me vale
por miércoles o sábado,
y ver cómo te alejas sin volver la cara,
orgullosa y celeste
de apagar un concierto
para siempre,
queridos animales,
igual que se confirman de golpe las sospechas
lo único cierto es que no sé
qué siento por vosotras,
pues aún siendo verdad
que os tengo aprecio,
a veces me causáis
miedos y sobresaltos
que estaban reservados
al rito de saberte inalcanzable;
y aunque es verdad que hay noches
por las que os debiera moderada
compañía, si veo en tu pupila
fosforescente y vértigo
algún resto de amor o desafío,
me enfado con vosotras,
me torno aborrecible,
y me pongo a romper fotografías
o a lanzar vasos de agua a las paredes,
de lo cual me arrepiento siempre siempre
al cabo de un momento,
y os busco inútilmente
para que me perdones,
y dejéis de mirarme
tan tristes y asombradas,
y no escapes de mi,
ni tratéis de escondeos
como las cucarachas gonzalianas
se esconden del que llega
borracho y a deshoras.

Estimadas amigas,
querida compañera que no estás,
quizás no me entendáis pero hoy
tenía que deciros
que te quiero.

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Author: Javier Benítez Láinez

Docente de español en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada

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